La Caída del Héroe

¿Cuántas veces no hemos podido conseguir lo que anhelábamos? ¿Cuántas veces después de un esfuerzo considerable nuestros intentos han resultado en vano? ¿Cuántas ocasiones nos hemos visto en la misma situación ante una entrevista de empleo: “Señorita tiene un perfil que se adecúa mucho al puesto que estamos ofertando pero le falta experiencia“.

En estas circunstancias nos solemos sentir mal con nosotras/os mismas/os: existe frustración, existe enfado con el que podemos responsabilizar al seleccionador de personal, “que no entiende que si no me da la oportunidad no podré acumular experiencia”y también puede existir enfado en nuestro interior: “la culpa es mía porque no he sido lo suficiente rápida, lista, no soy lo suficiente atractiva, no soy lo suficiente inteligente, no soy… no soy… no soy”.

La posibilidad de que ese enfado nos inunde el día y nos afecte para otras experiencias posteriores puede ser más o menos mayor dependiendo de nuestro forma de ver la vida y de cómo nos tomemos las cosas, si nos culpamos de todo lo que sucede en el mundo o culpamos al mundo de todo lo que nos sucede.

Este momento de caída, de no consecución de lo esperado, es lo que se puede denominar como la Caída del Héroe, ese choque con la realidad, en el que nos damos cuenta de que algo ha ido mal y no hemos conseguido lo esperado.

¿Y de dónde nace lo esperado? La Caída del Héroe suele producirse con más frecuencia con unas expectativas iniciales poco realistas, muy altas, casi fantasiosas de héroes de leyendas e historias épicas. En este caso, lo esperado nace de la fantasía, de nuestras creencias provenientes de la tradición cultural a la que pertenecemos, de nuestra educación en casa, de nuestros profesores, cuando de pequeños nos decían: “Sigue así llegarás lejos, si estudias mucho podrás conseguir todo lo que tú quieras“.

En realidad, muchas veces no conseguimos todo lo que queremos, muchas veces eso depende de algo más que nosotros mismos y aquí es donde el Héroe necesita tirar de sus recursos y aprender a aceptar las diferentes alternativas que su andadura le va colocando en su aventura.

¿Y de dónde nace el Héroe? El Héroe, entendido como término de buscador; nace de la inconformidad, del malestar, del sufrimiento en su vida, es la persona que ve que algo va mal y decide empezar un camino personal para cambiar, mejorar o transformar esa situación.

Ahora bien, tenemos el lugar de partida: la incomodidad en mi día a día, eso que no suena bien, que huele mal, que rechina y ¿Sabemos la meta?

Al principio el Héroe suele creer que sabe la meta, el buscador cree que sale a buscar algo muy concreto: la estabilidad de una pareja, el trabajo soñado que le sacará de su incertidumbre vital, ese aire renovador de creatividad y poesía que convertirá su hobbie en su carrera profesional… Todas estas ideas, son las fantasías motivantes y necesarias para impulsar el inicio del camino del viajero, es ese impulso que nos ayuda a dar el primer paso, y que a la larga también serán las fantasías con las que nos topemos, así como topó Don Quijote con sus Gigantes de la Mancha.

Este choque con la realidad nos servirá para replantearnos el verdadero sentido de nuestra búsqueda, de nuestro viaje y nos llevará con más claridad a aquello que nos aporta real bienestar vital. ¿ Qué es?

Para cada persona es algo distinto, el único que puede saber qué es, es el propio viajero, ya que llegado ese momento: sin metas a cumplir, sin heroicidad por realizar y alcanzar… el Héroe, que ya no sabe si es un héroe o no, que se siente solo y vacío; conecta consigo mismo y a partir de ahí empieza su verdadero viaje, su verdadera camino, su verdadera búsqueda: La búsqueda de conocerse a sí mismo.

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