El Miedo

“El miedo es una señal que indica que existe una desproporción entre la magnitud de la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos que tenemos para resolverla. El miedo no es el problema. El miedo está indicando que existe un problema, lo cual es completamente distinto”.

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El error que cometemos es convertir en el problema mismo lo que en realidad es una señal que indica la existencia de un problema y que nos da la posibilidad de resolverlo. Solemos sentir miedo por algún motivo, y a continuación del miedo, podemos experimentar vergüenza, humillación, rabia, impotencia, etc. por tener miedo. Siempre tenemos una doble reacción. El miedo, por lo tanto, no es algo equiparable a una fotografía, a un instante estático, sino que se parece más a una escena de una película en la cual la secuencia es: registro de la amenaza, reacción de miedo y la respuesta interior a esa reacción de miedo.

La respuesta interior al miedo es de gran importancia, porque según sea su calidad actuará atenuando o agravando el miedo original. Una reacción adecuada es aquella que escucha y respeta al aspecto temeroso, que reconoce que en su reacción está poniendo de manifiesto un desequilibrio entre la amenaza que enfrenta y los recursos con que cuenta y que sabe que si brinda al aspecto temeroso un trato propicio crecerá y se fortalecerá  hasta alcanzar la plenitud de sus posibilidades.

Escucharlo y respetarlo no significa consentir en todo lo que el aspecto temeroso diga o haga. Escucharlo quiere decir reconocer que existe y trata de conocerlo lo mejor posible, más allá de que nos guste o no lo que percibimos.

Respetarlo significa reconocerle el derecho a estar como está. Saber que, dado el entorno psicológico en que existe y los recursos con que cuenta, la respuesta que está produciendo el aspecto temeroso es la mejor respuesta posible. Y saber que también tenemos el derecho de expresarle todos nuestros desacuerdos pero sin imposiciones”.

Norberto Levy – La Sabiduría de las Emociones

El miedo nos acompaña demasiado a lo largo de nuestros días y más vale saber que el miedo es una trampa en la que nosotros podemos caer y hacer caer a los que viven con nosotros para poder vivir libres, felices, sin miedo. Sin el miedo que da miedo, del miedo que da.

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