Alienación: el precio de la excelencia

Ser la mejor, querer ser el mejor y mantenerse “en lo mejor” es un riesgo para ti misma/o, es un juego peligro del que puede que no salgas tan bien parada/o como crees.

El perfeccionismo  y la excelencia pueden alienarte, es decir, puede que si te aferras mucho a tu imagen como la mejor en ese camino de querer llegar al éxito te pierdas de tí entre medias. Puede que empieces a sobrepasarte, a no tener en cuenta tu necesidad, tu cansancio, tus miedos, tus inseguridades, a rechazar todo aquello que está en tí y que te pueda apartar de esa expectativa de éxito.

1. ¿Qué es ser el mejor o la mejor?

Para cada persona ser el mejor puede ser algo distinto, es importante tener en cuenta, que partimos de creencias influidas por nuestras experiencias de aprendizaje. Por ejemplo: En el instituto, puede ser que el mejor o la mejor de la clase sea el que sacaba más nota. Los chicos y las chicas sobresalientes podemos llegar a aprender algo que nos puede perjudicar en un futuro: “sólo si eres excelente, sólo si sacas siempre sobresaliente, te querré”

De este aprendizaje errado, se crea una auto-valoración centrada en la imagen de éxito, por tanto, cuando la joven o el joven adolescente cuando crea que no es excelente se sentirá mal consigo mismo, se enfadará, se frustrará, incluso puede que se rechace entrando en una espiral destructiva de pensamientos negativos: “Es que no valgo para nada. Es que no sirvo. Es que…”

Se produce una alienación de la persona: se acepta sólo la parte exitosa y se rechaza el resto.

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2. Aprender a ser lo que soy:

Desde la aceptación de “las partes que creemos fracasadas” de nosotros/as mismos/as es desde donde podemos crecer y brillar. Cambio el concepto de excelente por impecable, en el sentido de la justa medida. Ni pasarme, ni quedarme corto.

La autenticidad y el respeto por mí misma me aporta tranquilidad y bienestar, en un entorno tranquilo puedo desarrollar mi creatividad y desde esa creatividad es cuando puedo brillar, apoyándome en mis errores, permitiéndome errar.  Si me quedo pegada a la creencia de  que tengo que ser mejor a toda costa, no voy a poder permitirme aprender, descubrir y crear a partir del segundo intento.

Aquí es importante aprender que soy lo mejor que puede ser en todas las ocasiones, que hago lo que hago porque en ese momento en lo que sabía, y de esta forma sustituir alienación por integración de ti misma/o.

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