Hablemos de Amor

Puede que el amor y la búsqueda de la pareja sea uno de los procesos vitales más impactantes en la vida de un ser humano. Impactante en el sentido de que esa búsqueda no nos deja indiferentes a ninguna y ninguno de los buscadores que emprendemos tal aventura.

Hablo del momento en el que siento mi deseo de tener un compañero o compañera y no lo tengo. En ese momento justo en el que aún no conocemos a nadie y sólo sentimos el deseo y el anhelo de conocerlo.

En ese momento a mí me surge una pregunta ¿para qué quiero tener un compañero?, te propongo que antes de seguir leyendo atiendas a tu respuesta ¿para qué quieres tener un compañero o una compañera? ¿para qué? ¿qué te aporta él o ella que no te aportas tú misma/o?

El amor inmaduro:

 El amor inmaduro yo lo asemejo con el amor de los cuentos e historias fantásticas, eso amores de princesas en apuros y valientes príncipes que vienen a rescatarlas y a salvarlas. Un amor en el que el príncipe hechizado espera que la princesa le vuelva su verdadero ser con un beso de amor.

Ese amor que requiere que el otro se haga cargo de mí para salvarme, para sentirme contento, para ser feliz. Ese amor en el que la manipulación es la fuente de sostén de la relación. En la que el otro para que “esto funcione tiene que poner de su parte”, “se trata de cambiar un poco para adaptarnos el uno al otro”, en este caso, se trata realmente de anular partes nuestras por el otro, o anular partes del otro.

En este caso no hay respeto y no hay aceptación, en este caso podemos encontrarnos luchando: contigo para cambiar por el otro y con el otro para que cambie por ti. En este caso es probable que después de cierto tiempo te sientas cansada/o, porque en este caso el amor es agotador.

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El amor maduro.

 Para mí el amor maduro parte de la responsabilidad de hacerse cargo uno mismo de sí mismo. Cuando te haces responsable de ti liberas al otro de la pesada carga de llevarte a cuestas. ¿Qué significa que el otro te lleva a cuestas? Que lo responsabilizas de tu alegría y tu tristeza, de tu enfado, de tu mal humor y de tu buen humor.

De esta forma el foco de atención está en el otro, en lo que hace y deja de hacer el otro, en lo que te dice o no, en sus reacciones a tus acciones, en una observación persecutoria que puede convertirse en exigencia cuando no cumple tus expectativas.

Cuando me hago cargo de mí puedo crear un espacio para compartir y aprender en pareja.

Puedo crear un espacio donde veo al otro, donde ambas partes protagonistas, se escuchan y se muestran tal y como son. En este espacio no hay necesidad de cambio porque te acepto tal y cómo eres y aquello que no me gusta de ti me puede servir para saber qué es lo que me pasa a mí. Un espacio sin expectativas, en el que la experiencia presente y el diálogo honesto da la oportunidad de ir formando la relación momento a momento, en el que el amor es energetizante.

Desde mi punto de vista, esta posibilidad de vivir un amor maduro pasa primero por la experiencia de vivir un amor maduro hacia uno mismo, pasa por la aceptación de mí misma como persona, una escucha y una atención a mis necesidades y la responsabilidad de hacerme cargo de mí. Sólo estando disponible primero para mí, sólo viéndome primero puedo preparar mi mirada para el otro, puedo estar disponible para mi compañero o compañera.

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2 comentarios en “Hablemos de Amor

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