Mi vida a pesar de mí

No sé si has pasado por esta situación que ahora voy a compartir contigo, durante varios meses llevo reflexionando sobre mi actitud en algunos aspectos de mi vida, sobre mis miedos, mis resistencias, mis expectativas y mi inseguridad.

A pesar de mi misma la vida se da, mi vida, tu vida, es el resultado de las decisiones que hemos ido tomando, ya sea de forma meditada y reflexiva o de forma intuitiva e impulsiva; estás aquí y ahora por las decisiones que has tomado.

Incluso, en este preciso momento, si estás leyendo esta entrada que yo ahora escribo, es porque la vida pasa, porque formas parte de la vida y hay un conjunto de acciones que has tenido que desarrollar para descubrir este texto y leerlo. Has puesto algo de tu parte para que este hecho suceda y es posible que lo hayas hecho de forma casual, por curiosidad, por aburrimiento, o incluso a pesar de ti.



La rotura del yo: mi vida sin mí

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En algunos momentos de la vida, hay procesos de transformación en los que la idea que tienes de ti se rompe, tus expectativas, tus creencias, dejan de tener peso, no son válidas para la situación que estás viviendo. Por ejemplo: la frustración que nace de una expectativa no cumplida, duelos, separaciones, pérdidas, especialmente cuando la realidad que se da no corresponde con lo que yo creo y quiero que haya, que se de, que exista.

En esas circunstancias se caen las torres, los sólidos castillos en el aire se vuelven un hilo de arena en el viento y es posible que sientas vacío, miedo, inseguridad, la vida no es como pensabas y tú ¿qué vas a hacer ahora? Yo en ese momento decidí que la vida iba a ser como yo quería porque sí, porque no sabía vivir de otra manera, porque es la manera que yo aprendí, la manera en que las cosas se tienen que dar.

Y a partir de esa decisión empecé a vivir mi vida sin mi. Yo estaba centrada en mi vida futura, en hacer todo lo posible (por encima de mi) para asegurarme esa vida que yo quiero que se de, que exista. Obviamente, sentía malestar en todo momento.

Me levantaba pensando en todas las cosas que tenía que hacer: organizar tareas, contactar con gente, sembrar y sembrar para recoger en el futuro. No me paraba en ningún momento en el presente a ver qué me pasaba porque en el presente estaba la ANSIEDAD.

Es normal, la ansiedad aparecía en cada momento que sentía que mi vida actual no estaba cumpliendo mis expectativas y tenía que hacer lo que fuera para cambiarla. Estaba sometiéndome a una presión por conseguir unos objetivos que me dejaban fuera de juego, fuera de la vida real, mi vida. Era incapaz de sentirme en el momento presente, cuando decidía hacer una tarea, la hacía porque tenía que conseguir frutos, tenía que conseguir ese cambio vital, y mientras la vida pasaba a pesar de mi.

El regalo de vivir: yo soy vida

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Es muy agotador ver como no vives tu vida, cuando tomas conciencia realmente de las presiones a las que te sometes, los enfados con tu pareja, las ausencias de tus amigos, los dolores de cabeza de tanto pensar y pensar, la impotencia de no atreverte a actuar porque no sabes cuál es el siguiente paso a dar y tienes que dar un paso como sea, la angustia y el malestar continuo… cuando te das cuenta de todo eso puedes conectar contigo mismo, en primer lugar con la emoción asociada a ese trato que te has dado, en mi caso se da la tristeza: el dolor de ese enganche a la expectativa y esa dureza autoimpuesta para conseguirla, en tu caso puede ser enfado, sorpresa, cualquiera que sea, la idea es tomar esa emoción como referencia y aprendizaje, no te quedes enganchada a ella.

Aprende de la experiencia, de la vida:

Lo que a mi me ayudó a salir de esa experiencia fue decidir (a pesar mía) irme a dar un paseo por medio de la naturaleza. Era un recorrido que había hecho hace mucho tiempo y decidí ir (no tenía ganas, me decía ¿para qué vas a ir? me ponía muchas excusas para no hacerlo) aún así fui. 

Al principio, hacía el sendero casi sin conciencia, mi objetivo era hacerlo, hacerlo para volverme a casa, para ver qué podía seguir haciendo para cambiar mi vida. Cuando me di cuenta que seguía en esa actitud de estar sin mi en mi vida, decidí pararme y meditar. Volver al sitio que había pasado de forma fugaz y atender a mi deseo de pararme allí, era una cueva, entraba la luz podía ver el río y la primera vez que pasé sentí el deseo de parar y continué. No podía parar, tenía un objetivo. 

Estoy muy agradecida de haber vuelto sobre mis pasos y haberme parado y meditado en esa cueva. Volví a sentirme viva, presente en mi vida, reconciliada conmigo misma y con mi realidad. A partir de ese momento pude maravillarme y asombrarme con las higueras que estaban brotando, con el calor del sol cuando incidía en mi piel, con el sonido del agua cayendo por la cascada, me sentí un ser vivo más, alegre de existir, sin necesidad de hacer nada más que estar en ese momento presente allí.

Esa experiencia me ha permitido volver a conectarme conmigo misma, y a estar más presente en mi vida real, atendiendo a lo que sucede en mi vida real, sorprendiéndome cuando las cosas suceden a pesar de que yo piense de que tienen que suceder de otra forma, de otra manera, a pesar mía.

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