La Música como apoyo terapéutico

La música tiene sonido, ritmo, armonía y melodía. Estos elementos también forman parte de ti como ser humano: el sonido es la vibración de la vida. El ritmo tiene que ver con la acción. La armonía con la carga racional y la melodía con la carga emocional.

Estamos en contacto con el sonido, desde que nos encontramos en el vientre de la madre y escuchamos los sonidos del ambiente prenatal. La vibración de nuestra respiración, de nuestro latido forman parte de los sonidos de la vida.

Además la música ha acompañado al hombre desde los principios de su existencia. Todas las culturas tienen un patrimonio musical tan antiguo como la historia de sus pueblos.

En músicas primitivas como las de África, lo más importante es el ritmo. La percusión no se intelectualiza, la percusión invita a la acción, hay que moverse. No invitan a la introyección, al contrario, lo que uno desea es mover la pelvis, las piernas, los pies, invita a la explosión sin razón, a un movimiento del cuerpo guiado sólo por el ritmo de los tambores.

De esta forma, vamos a clasificar la música en tres categorías: la música que evoca, la que provoca y la que desboca.

  • La música que provoca y desboca están relacionadas con nuestro espacio interno y nuestras emociones, especialmente emociones como la pasión o el odio. Este tipo de música son antídotos para la rigidez y el exceso de racionalización, dando permiso para el desenfreno y el caos se puede dar la transformación del ser. Se trata de un desbocamiento sano que te permite la expresión total de tu cuerpo.
  • La música que evoca puede activar tu memoria afectiva o invitarte a dejarte llevar y escuchar con todos tus sentidos la música que suena. Prestando atención plena al momento presente y permitiéndote transcender de él a través de una actitud meditativa guiada por su armonía y melodía.

Es importante observar con qué música te identificas, porque la música representa aquello que psicológicamente te produce empatía y te puede orientar hacia ciertos contenidos afectivos o racionales. No es lo mismo escuchar una canción protesta que puede evocarte contenidos más intelectuales y reflexivos, que un corrido méxicano que invita a la expresión emocional y pasional, en el que se da un mensaje verbal más agresivo, que el poema de los átomos de Rumi que te invita a la trascendencia y a la consciencia espiritual.

 

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