Me dejó marchar

Me dejó marchar, se acabó la relación, me dejó sola y triste y profundamente agradecida por haber dado el valiente paso de reconocer que nuestra relación no iba a más, sino cada día a menos.

Me dejó marchar, cogió sus maletas y se fue, a vivir la vida, a ser feliz…pasando primero por la tristeza del duelo, pero con la tranquilidad de las cosas bien hechas.

Y yo ahora, me dejo en paz, no me machaco, no me culpo, no me siento peor persona, ni más desdichada, ni más poca cosa, estoy tranquila, triste pero tranquila viviendo mi duelo, echándolo de menos, esperando a que pase el tiempo para volver a sonreír, a disfrutar de mí misma, a ser feliz.

Sin culpas, sin reproches, aceptando la separación y el dolor que eso supone, sin dramas, sin miedo, sólo centrada en el presente y en la tristeza.

¿Alguna vez te has sentido así? ¿Alguna vez has sufrido alguna pérdida que te haya dejado vacía/o, triste y un poco desorientado/a?

No estás sola/o, estoy contigo, yo y muchas personas más han pasado por la misma situación que tú, esta situación se llama DUELO y tiene las siguientes fases:

1° fase: NEGACIÓN Y AISLAMIENTO.

Constantemente se hacen pregunta con referentes al ¿Por qué a mi?, las personas se encuentran muy preocupados por los recuerdos y hablan con el difunto como si aún estuviera vivo. No sólo se aíslan de los vivos si no que se dificultan a sí mismos al afrontar la realidad de la muerte del ser querido. Esta pérdida podría definirse como un estado de tristeza o de soledad profunda.

La reacción más habitual es primero una función temporal infranormal, la negación seguida por otra función temporal, pero esta vez  supranormal: el sueño, la imaginación vida, la pseudoalucinación.

Suelen tener la necesidad de encontrar a alguien con quien poder hablar del muerto. Contar anécdotas, compartir algunos buenos momentos de la vida en común, cómo se conocieron, gustos, proyectos ahora truncados y también malos momentos con el difunto.

2° fase: REGATEO Y RITUAL.

La persona viva, se encuentra aún en el shock que le ha producido la noticia, que le ha producido la realidad trata, inútilmente, de hacer, “acuerdos” de negociar con Dios, con la vida, con la persona muerta, con un ser superior, una especie de intercambio, una promesa a cambio de, en pocas palabras en regatear.

Este regateo es una forma de retardar la noticia, de diferir la intensidad de la carga emocional que conlleva y al mismo tiempo propiciar la fase siguiente, permitir sin sentimientos de culpa, el paso a la rabia, a la ira, al enfado, a la indignación de no sentirse escuchado por el interlocutor “invisible”.

El final de esta fase, está caracterizada por dos elementos. El primero, es el inicio de la siguiente fase: la rabia. Pero el segundo, es una constatación mía que vengo observando y comprobando desde hace más de 10 años y que nunca he visto descrita ni sugerida en ningún texto sobre el tema, ni ningún profesional ha hablado de ella. El autor le llama el “ritual”.

El ritual, se define como una ofrenda, es una renuncia que se le ofrece al muerto, generalmente de un modo no consciente, como un modo de perpetuar su memoria.

3° fase: IRA.

Kübler-Ross (citado en Martín y Vázquez, 2005), dice que “cuando no se puede seguir manteniendo la primera fase de negación, es sustituida por sentimientos de ira, rabia, envidia y resentimientos”. Su rabia va desde las abstracciones (Dios, la vida, etc.), a seres concretos más o menos cercanos (los médicos, los sacerdotes, las enfermeras, algún vecino, familiares), incluso la propia persona que ha muerto.

Según la Terapia Gestalt estamos en una fase de destrucción en donde es necesaria la agresividad, la ira. Para poder continuar satisfactoriamente con el proceso de duelo, la persona necesita poder destruir, desestructurar la situación intolerable y la pérdida del objeto amado. “La destrucción es la des-estructuración de una totalidad en fragmentos, con el fin de asimilarlos como partes nuevas en una nueva totalidad y es a través de la rabia y el trabajo del duelo cómo se aniquila la necesidades de lo imposible”.

Al final de esta etapa la persona habla de su miedo a olvidar a la persona amada, de su necesidad de recordar cada detalle, cada gesto, a veces incluso comenta que le es difícil recordar su figura, algunos rasgos de su cara y a veces, se siente culpable.

4° fase: TRISTEZA.

Después de la rabia y, a veces intercalándose entre ella, aparece la tristeza. Ahora es como la persona en duelo fuera organísmicamente consciente de su pérdida. Ya no es algo exclusivamente racional, mental; podríamos decir, que siente la pérdida, que vivencia la ausencia.

Esta es la fase más delicada de todas ya que se siente la pérdida como un vacío, no sólo de la presencia de la persona amada, sino un vacío personal, de ideas, planes, sentimientos, intereses, proyectos, ilusiones, etc.

Es la etapa en que la persona se abandona más, le cuesta comer, duerme mal o no duerme, está apática muchas horas del día no puede concentrarse. Personas con una tendencia depresiva pueden tener en esta etapa ideas o intentos de suicidio. Hay una retroflexión de la agresividad y un cambio neurótico de la destrucción “desestructuración” en aniquilación, autoaniquilación. Esta es la etapa de los sentimientos de culpa.

La desesperación y tristeza, lo mismo que ocurre con el amor, la alegría, etc. Son más bien estados que movimientos afectivos, “por eso podemos ver hasta que punto son terribles puesto que si no hay ya ni yo, ni para ti, el sentimiento es como una sensación de abismo”.

El trabajo terapéutico en esta etapa es apoyar la expresión de las emociones junto con las interrupciones en curso, que suelen ser la habituales con las que se interrumpe el proceso de contacto, básicamente, la confluencia, la introyección, la proyección, la retroflexión.

5° fase: ACEPTACIÓN.

La aceptación es equivalente a la asimilación de la pérdida. Si un tiempo concreto establecido de antemano, la persona, en la etapa final de su duelo va y viene del dolor al renacer, es como sí “el amor-muerte”. Continuará viviendo orgánicamente pero como la excitación ha desaparecido, al intentar recuperar “los buenos momentos”. “obligatoriamente se fracasa ya que el buen momento posible, ahora, es completamente diferente”.

Aquí entra en juego el hábito de la lealtad, esto es, la identificación con alguna de las características de la persona fallecida que ha satisfecho necesidades y potencialidades y, “que es una fuente de fuerza para las acciones posteriores”. Esta lealtad se puede ver también en el mantenimiento de las costumbres, de la ropa y las cosas del difunto, y que, en esta etapa final de asimilación se van entreviendo la posibilidad de hacer cambios

Que tenga 5 fases, no significa que pases por las 5 fases, depende de tu carácter estarás más tiempo en una fase que otra, pero aunque sea poquito…. experimentarás cada una de ellas.

Si estás en fase de duelo, por favor, cuídate y trátate con respeto y amor, date comprensión, cuidados, date lo que te gusta y sé paciente, el duelo no dura para siempre, estudios estiman que su duración es de 6 meses a un año, en función de la pérdida que hemos tenido. Se paciente y quiérete.

 

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