El estrés de no poder

En situaciones de estrés o dificultad, por ejemplo, situaciones de inactividad laboral prolongada, conflictos en las relaciones, insatisfacción vital; el pensamiento de creernos incapaces de conseguir lo que queremos, puede llegar a hacerse presente. La creencia de “no puedo con esto, no sé cómo llegar a hacerlo” y el sentimiento de frustración, de enfado con nosotras/os mismas/os viene asociado.

Este sentimiento de enfado ¿de dónde procede? 

estresEn ocasiones, es posible que proceda de tu propia exigencia “¿Cómo que no sabes?, ¿Cómo que no puedes? Tendrías ya que saber, todo el mundo puede hacer algo con su vida, ¿cómo es que tú no?” La auto-exigencia nos ayuda a crear hábitos y rutinas, nos permite cultivar nuestra constancia y perseverancia y también, cuando te pasas de auto-exigente es posible que genere la sensación de no poder cumplir tus objetivos. En estos casos es posible que la parálisis pueda aparecer. Puedes llegar a sentirte en un pozo con las herramientas al alcance para salir de ahí, pero incapaz de llegar a alcanzar esas herramientas, o incluso verte sin herramientas, verte como si tu fueras el lastre que te empuja hacia el fondo del pozo.

enfado2.jpgEn otras ocasiones el enfado puede que venga de una baja tolerancia a la frustración, si en tu vida has ido cosechando éxitos con facilidad, si siempre has tenido alcance a lo que deseabas y has podido ir cumpliendo tus objetivos y sentirte satisfecho/a contigo mismo/a, en el momento en que te encuentres con una situación de fracaso es posible que salten las alarmas de “la crispación, el enfado y la injusticia”. Y es posible que cambie tu percepción personal, es posible que también te invadan los pensamientos de no poder y no saber, ya que estás acostumbrado/a a poder y saber. Experimentar la impotencia te acerca a lo humano y te permite contactar con una imagen real de ti mismo/a.

Estas situaciones puede ser experimentadas como malestar y pueden alargarse en el tiempo con lo que sumamos la experiencia de cansancio, ya que el estrés prologado provoca agotamiento.

¿De dónde nace el estrés? 

De querer a toda costa: quiero mejorar en mi trabajo o crear mi propia iniciativa, o consolidar mi relación de pareja o tener mayor poder adquisitivo y no tengo en cuenta las condiciones y los factores que me rodean para que eso sea posible.

En situaciones así, ser consciente del momento real en el que te encuentras, de herramientas pasadas que has puesto en práctica y reflexionar sobre lo que eres capaz de hacer, es importante para rebajar el nivel de sobre-exigencia. Recordar tus logros pasados, no perder de vista tus objetivos y reestructurar tus metas te dan la posibilidad de aligerar el lastre e ir saliendo de ese pozo en el que te has metido.

El movimiento nos da paso a la acción y la acción nos da paso a seguir creciendo en nuestro camino. Pero es importante saber cómo nos movemos, desde qué punto nos estamos moviendo:

Si es un movimiento en el que respetamos nuestro ritmo: nuestro cansancio, nuestro miedo, nuestra energía (puede ser que sintamos apatía, tristeza, frustración) y también forman parte del proceso de creación, de consecución de objetivos. O es un movimiento exigente, en el que nos movemos a toda costa y nos perjudicamos en ese caminar. 

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